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 ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1

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Localización: PASIÓN TEKILA
Fecha de inscripción: 21/07/2012

MensajeTema: ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1    Sáb Abr 20, 2013 6:17 pm

Tengan linda noche guapuras! Aqui les dejo una adaptacion que no es mia es de una amiga “Maria“ yo solo hago el favor de subirlo aqui que para mi es un placer espero que sea de su agrado besos nenas!



La mujer estiró los brazos hacia
él y lo miró con ojos abiertos y
suplicantes, la boca
contorsionada en una mortal
sonrisa. Estaba pálida, con la ropa
y la piel completamente
empapadas. Las oscuras algas le
envolvían el pecho y parecían
arrastrarla hacia las turbulentas
aguas...
-¡Teb! ¡Socorro! ¡Sálvame!
Sus agudos gritos rasgaron la
oscuridad de la noche.
Él trató de agarrarla. La mano de
ella estaba a pocos centímetros,
pero no podía alcanzarla. Se
estiró todo lo que pudo,
tensando cada fibra de su cuerpo
y, a pesar de su esfuerzo, ella
permaneció fuera de su alcance.
Se estaba hundiendo en las
aguas negras, los ojos se le
cerraban...
- ¡No! gritó él, tratando
desesperadamente de agarrarla -.
¡No! ¡Déjame ayudarte!
Teb abrió los ojos. Al principio, se
sintió algo aturdido, pero poco a
poco fue recuperando su
comprensión. Había vuelto a
soñar con ella.
¡Jesús!
Empezó a temblar. Se sentía
helado hasta los huesos. Al mirar
a su alrededor, tardó un
momento en darse cuenta de
dónde estaba. Se había quedado
dormido sentado en su
dormitorio, envuelto en su bata.
Sobre la pequeña mesa que
había al lado de la silla, encontró
una botella de coñac y una copa.
Agarró la botella y se sirvió un
poco de licor. La mano le
temblaba tanto que la botella
empezó a golpaerse contra el
borde de la copa.
Tomó un sorbo de la bebida y
sintió cómo el potente líquido le
calentaba la garganta. Entonces,
se pasó las manos por su oscuro
cabello negro y tomó otro sorbo.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
murmuró -. Te habría ayudado.
A pesar de la ayuda del coñac,
seguía teniendo frío, por lo que
se levantó y se dirigió a la cama
con paso algo tambaleante.
¿Cuánto había bebido aquella
noche? No lo recordaba.
Evidentemente, había sido más
que suficiente, dado que se había
quedado dormido en la silla en
vez de cruzar los pocos
centímetros que lo separaban de
la cama. No era de extrañar que
hubiera tenido malos sueños.
Se metió en la cama y se tapó
con las mantas. Lentamente,
entre el coñac y el calor de la
cama, fue entrando en calor. Sin
embargo, Esteban sospechaba
que su sensación de frío tenía
más que ver con la persistente e
incómoda pesadilla que con la
temperatura que reinaba en la
habitación.
Habían pasado años. Había creído
que, después de todo aquel
tiempo, el sueño desaparecería,
pero seguía produciéndose con
frecuencia a lo largo de los
meses, al menos dos o tres veces
al año. Esteban hizo una mueca
de tristeza. No parecía poder
guardar un penique en su
bolsillo, pero sin embargo, aquel
mal sueño seguía
acompañándolo durante años.
Los temblores cesaron y los ojos
empezaron a cerrárselo. Al
menos, después de todos
aquellos años, podía volver a
dormir después de tener aquel
sueño.
La primera vez que lo tuvo, se
había quedado despierto toda la
noche. Tal vez el tipo no lograba
cerrar todas las heridas, pero,
quizá, con un poco de ayuda del
coñac, podría hacer que se
olvidaran más fácilmente. Con un
ligero suspiro, se quedó dormido.
Varias horas después, cuando el
sol lucía bien alto en el cielo, el
ayuda de cámara de debil lo
despertó suavemente.
- Milord, milord. Siento
despertarlo, señor, pero lady
Sanromán y lady Westhampton
están abajo, señor, y pregunta
por usted.
Esteban abrió un ojo y miró con
malevolencia a su sirviente, que
se mantenía al lado de la cama.
- Márchate murmuró
suavemente.
- Sí, milord, lo entiendo. Sé que es
muy temprano, pero milady
amenaza con subir aquí y
despertarlo ella misma. A mí me
parece que va más allá de mis
deberes tener que refrenar
físicamente a la madre de milord.
Esteban suspiró y volvió a cerrar
el ojo. Entonces, se puso boca
arriba.
- ¿Viene llorando o en son de
guerra?
- No he visto señal alguna de
lágrimas, milord. Yo diría más
bien... decidida. Además, se ha
traído a lady Westhampton.
- Mmm.. Resulta mucho más
difícil cuando mi hermana aúna
fuerzas con ella.
- Efectivamente, milord. ¿Le
preparo la ropa?
Esteban gruñó. Se sentía fatal. La
cabeza le daba vueltas, el cuerpo
le dolía y la boca le sabía tan mal
como un cubo de basura.
- ¿Dónde estuve anoche, Carson?
- No estoy seguro de que pueda
decírselo, señor replicó el
sirviente -. Creo que el señor
Mickleston estuvo con usted.
- ¿Stuart? repitió Esteban.
Entonces, creyó recordar que su
amigo le había hecho una visita.
Parecía ser que Stuart había sido
extremadamente generoso con
el bolsillo, lo que explicaba la
resaca. Probablemente habían
visitado la mitad de los tugurios
de Londres la noche anterior,
para celebrar su buena fortuna...
y sin duda habían desperdiciado
la mitad de ella.
Esteban se sentó con algo de
dificultad y sacó las piernas de la
cama. Entonces, esperó que la
sensación de naúsea remitiera.
- De acuerdo, Carson. Prepárame
la ropa y llama para que nos
suban agua caliente para
afeitarme. ¿Indicó mi madre lo
que quería?
- No señor. Hablá con ella yo
mismo, pero se mostró bastante
reticiente en cuanto al objeto de
su visita. Solo me dijo que tenía
que verlo muy urgentemente.
- Sin duda - replicó él, mirando a
su ayudante -. Bueno, creo que lo
que necesito en estos momentos
es una buena taza de té.
- Por supuesto, señor. Se la traeré
yo mismo.
Treinta minutos después,
impecablemente vestido con un
traje negro, una almidonada
camisa blanca y un pañuelo de
seda anudado a la moda por
debajo de la barbilla, Esteban
Aincourt, con todo el aspecto de
un sexto conde de Sanromán,
bajó las escaleras.
Entró en el salón y vio a su
hermana, una atractiva mujer de
casi treinta años, con el cabello
negro, los ojos verdes y los
rasgos bien definidos, que eran
típicos de la familia Aincourt. Al
oír que la puerta se abría, la
joven levantó la mirada y sonrió.
-¡Teb!
-Rachel respondió él, con una
afectuosa sonrisa en los labios a
pesar del fuerte dolor de cabeza
que tenía. Su hermana era una de
las pocas personas a las que
realmente apreciaba. Cuando se
volvió a mirar a su progenitora,
la sonrisa se le heló en el rostro-.
Madre añadió, haciendo una
reverencia-. Un inesperado placer
-Sanromán replicó la mujer,
tratándolo con la formalidad con
la que siempre había tratado a
todo el mundo, incluso a su
propia familia-. Me alegro de
verte vivo. Dada la reacción de
tus criados al vernos, me estaba
empezando a preguntar si te
encontraríamos con vida.
-Estaba todavía dormido. Mis
sirvientes siempre se muestran,
comprensiblemente, algo reacios
a sacarme de la cama.
-Es casi la una de la tarde le
espetó su madre, levantando las
cejas.
-Exactamente.
-Eres un pagano, aunque no sea
de eso de lo que he venido a
hablarte.
-Ya me lo imaginaba. Entonces,
¿qué asunto te ha traído a esta
guarida de iniquidad? Debe de
ser de gran urgencia.
-Supongo que esa será la idea
que tú tienes de una chanza.
-Muy ligera, lo admito dijo
Sanromán, en tono aburrido.
-Lo que me trae aquí es tu
matrimonio.
-¿Mi matrimonio? preguntó
Esteban, sorprendido-. Me temo
que no tengo ninguna noticia al
respecto.
-Pues deberías. Necesitas casarte
de inmediato. Hace ya tiempo
que deberías haber encontrado la
mujer adecuada, pero, como tú
no te has molestado en lo más
mínimo, lo he hecho yo por ti.
-¿Y tú también, Rachel? le
preguntó él a su hermana.
-Teb -susurró ella, con voz triste.
Parecía avergonzada.
-No seas estúpida la interrumpió
lady Sanromán, secamente-.
Hablo en serio, Esteban. Debes
casarte, y pronto, o te
encontrarás en manos de tus
deudores.
-No creo que eso se haya
producido todavía.
-No te falta mucho. Tu finca está
en un estado lamentable.
Darkwater se está, literalmente,
derrumbando sobre nuestras
cabezas. Eso lo sabrías si hicieras
el esfuerzo de visitar tus tierras.
-Están muy lejos y no me gusta
visitar lugares que están a punto
de caérseme sobre la cabeza.
-Oh, sí Para ti es muy fácil
bromear al respecto replicó lady
Sanromán-. Tú no eres el que
tiene que vivir allí.
-No creo que tú tengas que vivir
allí tampoco replicó él-. De hecho,
creo que en estos momentos
estás residiendo en Londres, ¿no
es cierto?
-Tengo una casa de alquiler para
la temporada le dijo su madre,
con un tono de la más profunda
humillación-. Antes teníamos una
casa en la ciudad, un precioso
lugar donde una podía celebrar
las fiestas más elegantes. Ahora,
me puedo permitir alquilar una
casa solo por dos meses, y es tan
pequeña que casi no puedo dar
una cena para más de ocho
personas. No he celebrado una
fiesta en condiciones desde hace
años.
-Podrías vivir conmigo le dijo
Rachel.
-Ya he abusado lo suficiente de la
caridad de tu marido. Tengo que
agradecerle a Richard y a él las
ropas que me pongo. Eso ya es
suficiente sin hacer que
Westhampton me dé también
cobijo. Esa es la responsabilidad
de Esteban. Él es el conde de
Sanromán.
-¿Me estás diciendo que tengo
que casarme para darte una casa
en la ciudad?
-No seas obtuso, Esteban. No te
sienta bien. Tienes un deber
conmigo y con tu apellido. Y
contigo mismo, en realidad. ¿Qué
va a ocurrir con Darkwater? ¿Con
el apellido Aincourt? Es tu deber
casarte y tener herederos, ¿cómo
si no va a continuar el nombre y
el título? ¿Y la casa? Lleva en pie
desde que la reina Isabel era una
niña. ¿Vas a dejar que caiga en
una completa ruina?
-Estoy seguro de que el título
seguirá adelante.
-Oh, si, si no te importa que ese
rastrero de Edgard March herede
tu título. Un primo tercero Y te
aseguro que no tiene ni la menor
idea de cómo conducirse a sí
mismo.
-Yo hubiera dicho que tú creías
que era yo el que no tenía ni la
menor idea de cómo conducirse a
sí mismo.
Su madre lo miró con severidad.
-Y así es, pero al menos tú estás
en línea directa. Y no pareces una
comadreja. Me duele pensar que
pueda haber un Sanromán que
parezca un roedor. A pesar de lo
que se pueda decir de nuestra
familia, al menos los condes de
Sanromán siempre han sido muy
atractivos.
- Entonces, eso quiere decir que
estás esperando que yo sea el
chivo expiatorio de la familia,
¿no es así?
-No hay necesidad de tanto
dramatismo. No es que no se
haga todos los días. Las uniones
por amor son para las clases más
bajas. La gente como nosotros
hace alianzas. Eso es lo que
hicimos tu padre y yo, y mira a
tus hermanas. Se han casado
como deben. No protestaron,
sino que hicieron justamente lo
que la familia necesitaba. Y tú,
como cabeza de familia, no
puedes hacer menos que ellas.
-Sin embargo, es precisamente
hacer menos lo que mejor se me
da.
-No creas que vas a apartarme
del tema con tus bromas le
indicó su madre, señalándolo con
el dedo índice.
-Eso ya lo veo dijo Teb, mirando
a su madre con tristeza.
-Desde que recibiste tu herencia,
no has hecho más que
despilfarrarla. ¿Cómo puedes
creer que no debes ser tú el que
se encargue de recuperarla?
-¡Madre, eso no es justo! exclamó
Rachel-. Ya sabes que todos los
condes han malgastado todo su
dinero. Teb no tiene toda la
culpa. Si recuerdas bien, en
realidad fue papá quien vendió la
casa de la ciudad.
-Lo recuerdo muy bien, gracias.
Tienes razón. A los Aincourt no se
les ha dado bien administrar el
dinero. Por eso siempre han
tenido que casarse bien.
Esteban se frotó las sienes justo
donde el dolor había adquirido
más intensidad.
-¿Y con quién quieres que me
sacrifique? Espero que no sea con
esa mellada de la hija de los
Winthorpe.
-¡mopa Winthorpe! Claro que no.
Con la herencia que le deja su
padre, no conseguirías más que
pagar escasamente tus deudas.
Además, los Winthorpe nunca
accederían a unir su nombre al
tuyo. No pueden soportar el
escándalo. No puedes esperar
que un padre entregue a su hija a
un hombre que bueno, que tiene
la relación que tú tienes desde
hace años añadió lady Sanromán,
con desdén.
-¿Con quién, entonces? Supongo
que con una viuda.
-Estoy seguro de que serías capaz
de conquistarla si te pusieras a
ello afirmó la madre, sin
demasiada pasión-, pero
requeriría una atención
constante y, francamente, dudo
que pudieras conseguirlo.
-Ya veo que tienes una fe
asombrosa en mí.
-La chica en la que he pensado es
perfecta. Tiene una gran fortuna
y su padre está encantado con la
unión. Parece que le apetece
bastante que su hija sea condesa.
Deberías haber visto el modo en
que se encendieron los ojos
cuando empecé a hablar de
Darkwater. Parece que no quiere
otra cosa que la oportunidad de
restaurar una vieja mansión.
-¿Estás hablando de una
londinense?
-No. De una norteamericana.
-¿Cómo? ¿Quieres que me case
con una heredera
norteamericana?
- Es una situación perfecta. Su
padre ha conseguido amasar una
cantidad de dinero ridícula con el
comercio de la piel o algo por el
estilo y está deseando gastarlo
en una finca como la nuestra. Ese
hombre se muere por tener un
título. Además, como no viven
aquí, no saben nada de tu mala
reputación.
-Me asombras. Quieres que me
ate a la hija de un trampero de
pieles, alguien que no sabe
hablar bien y que probablemente
no tiene ni idea de qué tenedor
utilizar. Sin duda, tendrá el
aspecto de alguien que acaba de
salir del bosque.
-No tengo ni idea del aspecto
que tiene ni de cómo se
comporta replicó lady
Sanromán-, pero estoy segura de
que Rachel y yo podremos
pulirla. Si es un completo
desastre bueno, estoy segura de
que estará encantada de vivir en
Derbyshire con su padre,
poniendo Darkwater en orden.
Sinceramente, Esteban, ¿no te
das cuenta de que cualquier
persona que es algo en este país
sabe que vives en pecado? Como
madre, me duele tener que
decirte esto, pero ninguna
inglesa respetable estaría
dispuesta a casarse contigo.
Esteban no contestó. Sabía
también como su madre que
aquellas palabras eran
completamente ciertas. Desde
que se había hecho adulto, había
llevado una vida que había
escandalizado a la mayoría de las
personas de su clase social. Había
algunas damas que no estaban
dispuestas a recibirlo en su casa y
la mayoría de las otras solo lo
hacían porque, a a pesar de todo,
era un conde. Afortunadamente,
él no tenía ningún deseo de
mezclarse con la mayoría de los
miembros de la aristocracia, por
lo que la desaprobación que
mostraban hacia él lo dejaba
completamente indiferente.
Además, hacía años que ha´bia
aceptado el hecho de que su
madre compartía la opinión que
el resto de la sociedad tenía
sobre él, lo mismo que su padre
antes de fallecer.
-En realidad, no sé por qué te
tienes que preocupar por las
carencias sociales de esa mujer
añadió la madre-. Yo soy la que
podría ver arruinada su posición
social por tener una nuera
demasiado rústica.
-Déjame recordarte que soy yo el
que tendría qu eestar unido
legalmente a ella. Ya me la
imagino Demasiado fea como
para conseguir encontrar un
marido en casa, a pesar de tener
tanto dinero, con ropas que
llevan diez años pasadas de
moda y un solo punto de
conversación interesante en su
cabeza.
-Mira, Esteban, creo que estás
exagerando
-¿Tú crees? ¿Entonces por qué ha
tenido que venir a Inglaterra
para encontrar marido, para
encontrar a alguien con una finca
medio desmoronada, una
herencia despilfarrada y que
estuviera lo suficientemente
desesperado como para casarse
con alguien con dinero? Mira,
mamá, te aseguro que no puedo
hacerlo. De hecho, no lo haré. Ya
encontraré otro medio de salir
adelante. Siempre lo he hecho
así.
-¿Con el juego? le espetó su
madre-. ¿Empeñando el reloj y
los botones de diamantes de tu
abuelo? ¡Oh, sí! Sé perfectamente
cómo has sobrevivido los últimos
meses. Has vendido todo lo que
tiene valor, Hemos tenido que
prescindir de la mitad del
personal de Darkwater. Llevas un
estilo de vida ruinoso, licencioso
y extravagante, Esteban, y esta es
la consecuencia.
Esteban se volvió hacia su
hermana, que había permanecido
en silencio durante la mayor
parte de la conversación.
-¿Es eso lo que quieres para mí,
Rachel? ¿Quieres que me case
con una mujer a la que no he
visto nunca, que tenga el mismo
matrimonio feliz que has tenido
tú?
Rachel irguió la espalda y trató
de reprimir las lágrimas que le
llenaban los ojos.
-¡Eso es cruel e injusto! Lo único
que quiero es tu felicidad. ¿Cómo
vas a poder ser feliz si tienes que
dejar tu casa y vivir en un piso de
una habitación? Ya sabes cuánto
dinero gastas, Esteban. Me atrevo
a decir que es mucho más de lo
que Strong te envía de la finca, y
esa cantidad se va a hacer cada
vez menor. Tienes que invertir
dinero en tus tierras para
conseguir que sigan dándote
beneficios y eso es algo que ni
papá ni tú habéis hecho. Sé que
cuando papá te quitó tu dinero,
conseguiste arregártelas con tu
habilidad para jugar a las cartas y
con el dinero que Michael y
Richard te dieron. Sin embargo,
no creo que puedas seguir
haciendo lo mismo el resto de tu
vida.
Esteban apartó la mirada,
dejando que su silencio fuera una
afirmación. Finalmente, volvió a
hablar.
-Lo siento, Rachel. No debería
haber dicho eso susurró.
Entonces, volvió a mirar a su
hermana y le dedicó una cálida
sonrisa-. Tengo un terrible dolor
de cabeza y me hace ser muy
sarcástico. Sé que tú has
sacrificado tu felicidad por el bien
de la familia.
-¡Qué tontería! exclamó lady
Sanromán-. Rachel es una de las
mujeres más envidiadas de
Londres. Tiene una casa preciosa,
un guardarropa maravilloso y
una asignación más que
generosa. Un buen número de
mujeres estarían encantadas de
tener que hacer ese sacrificio,
como tú lo llamas.
Esteban y Rachel intercambiaron
una mirada llena de diversión. La
felicidad para lady Sanromán
consistía en aquel tipo de cosas.
-En cuanto a ti, Esteban prosiguó
la mujer-, no te estoy pidiendo
que te ofrezcas a esa chica, sino
simplemente que consideres su
proposición. Esta noche voy a
celebrar una cena en mi casa y la
he invitado para que asista. Lo
menos que puedes hacer es venir
tú también y conocerla.
Esteban soltó un gruñido. Una
cena en casa de su madre le
apetecía casi lo mismo que
conocer a aquella
norteamericana.
-Yo también iré comentó Rachel-.
Di que tú también vendrás, Teb.
-Está bien afirmó él, de mala
gana-, iré esta noche y conoceré
a esa chica.
La chica estaba en aquellos
mismos momentos teniendo una
discusión con su familia más o
menos en los mismos términos,
algo que habría sorprendido
mucho a lord Sanromán.
-Papá dijo María Fernández con
firmeza-, no pienso casarme con
un hombre al que nunca he visto,
por muchas ganas que tú tengas
de echarle el guante a una finca
en Gran Bretaña. Me parece algo
completamente medieval.
Cruzó los brazos sobre el pecho y
miró a su padre
implacablemente. María era una
mujer hermosa, con grandes y
expresivos ojos grises y una
espesa mata de cabello castaño.
Tenía una figura pequeña y
compacta, que mostraba sus
bonitas curvas a través de un
vestido de batista. Sin embargo,
su personalidad era tan fuerte
que, a menudo, la gente se
llevaba la impresión de que María
era una mujer alta.
Joseph Fernández miró a su hija.
Al igual que su hija, no era muy
alto, y estaba tan acostumbrado
a salirse con la suya como ella,
por lo que habían tenido
enfrentamientos en varias
ocasiones.
-No te estoy pidiendo que te
cases con él mañana mismo le
dijo, en un tono mucho más
razonable de voz-. Lo único que
tienes que hacer es ir a la casa de
su madre esta noche y conocerlo.
Después de eso, puedes tomarte
todo el tiempo que quieras para
decidirte.
-Dudo que yo quiera conocerlo.
Probablemente tiene unas
piernas muy delgaduchas y los
ojos medio bizcos y y estará
medio calvo. ¿Por qué si no
tendría su madre tantas ganas de
casarlo? Aunque no tenga dinero,
un conde debería ser un buen
partido. Seguro que hay hombres
acaudalados en este país que
estarían encantados de vender a
sus hijas por un título.
-¿Estás diciendo que te estoy
vendiendo? replicó su padre,
indignado-. ¡Qué bonito está
hablar así de un hombre que está
tratando de darte uno de los
mejores y más antiguos apellidos
de Inglaterra! Si hay alguna
venta por medio creo que se
puede decir que te lo estoy
comprando.
-Pero yo no lo quiero le espetó
María, sabiendo que lo que su
padre quería era emparentar con
la aristocracia inglesa, cuyas
mansiones y castillos había
admirado desde siempre. Joseph
Fernández se moría de ganas de
tener uno.
-¿Cómo puedes rechazarlo
cuando ni siquiera lo has visto? le
preguntó-. Es un conde. ¡Y tú
serías condesa? Solo piensa en lo
contenta que se pondría
Elizabeth. En cuanto se encuentre
un poco mejor, se lo voy a contar
todo. Estará encantada.
-Estoy segura de ello contestó
María.
Su madrastra, Elizabeth, que era
inglesa, estaba todavía más
enamorada que su padre de la
idea de que María se casara con
un noble. Ella misma venía de
una buena familia y había ido a
Nueva Cork con su primer
marido, también noble, que la
había dejado sola en el Nuevo
Mundo con una niña pequeña. Su
sueño era que su hija Estrella,
que tenía catorce años, viviera en
el mundo de la aristocracia
británica para así poder
encontrar un buen marido. El
método más rápido para
conseguirlo era que María se
casara con uno de sus miembros
para poder facilitar más tarde la
entrada de Estrella en aquel
selecto ambiente.
-Ya sabes que quiero mucho a
Elizabeth añadió María-. Ella es la
única madre que he conocido y
siempre ha sido muy buena
conmigo. Y también quiero
mucho a Estrella
-Lo sé. Siempre has sido como
una pequeña madre para esa
niña.
-Sin embargo, eso no significa
que vaya a casarme con alguien
solo porque Elizabeth quiera que
Estrella entre en la alta sociedad
londinense.
-Esa no es la única razón. Tiene
una gran finca en Derbyshire. Y
una casa Hay que reconocer que
no es un castillo, pero es tan
grande que es como si lo fuera.
Se llama Darkwater. ¿No te
parece que conjura historia y
romance? El conde de Sanromán.
¡Dios mío, muchacha! ¿Es que no
te late el corazón?
-Claro que me late, papá. Yo seré
la primera en admitir que es un
nombre muy romántico, aunque
eso de que significque aguas
oscuras resulta un poco
misterioso.
-¡Mejor que mejor! Seguramente
hay fantasmas.
-Qué bien.
-¿Verdad que sí? preguntó
Joseph, sin querer notar la ironía
que había habido en el
comentario de su hija-. Esa casa
fue construida por uno de los
mejores amigos y valedores de
Erique VIII. Él construyó el edificio
principal durante el reinado de
Enrique. Entonces, cuando su hijo
heredó la finca bajo el reinado de
Isabel I, añadió dos alas a ambos
lados de la mansión. Es algo
grandioso, pero está cayendo en
un lamentable estado de ruina.
La madera está podrida, los
tapices están hechos jirones ¡Y
nosotros podemos restaurarla!
¿Te imaginas la oportunidad? La
casa, las tierras, la finca entera Le
podríamos Tebolver a todo eso
su esplendor.
-Suena algo maravilloso comentó
María, con sinceridad.
Las casas y las fincas eran uno de
los principales intereses de la
joven. Durante los años en que su
padre había estado tratando con
John Jacob Astor, había tenido
muchas conversaciones con el
astuto caballero. Había decidido
seguir sus consejos y había
invertido gran parte de los
beneficios de su padre en
negocios inmobiliarios de
Maniatan. Los riesgos le habían
reportado grandes beneficios que
seguramente le proporcionarían
más ingresos en el futuro.
Precisamente por eso, pensar que
podría restaurar una gran casa y
Tebolverle su antiguo esplendor
la atraía profundamente. Sin
embargo, sus deseos no eran tan
fuertes como para que estuviera
dispuesta a casarse solo para
adquirirlo.
-Incluso tiene una maldición
añadió su padre.
-¿Una maldición? Estoy segura de
que eso sería espléndido.
-Por supuesto que lo es. Es una
maldición maravillosa. Había sido
un abadía muy poderosa en
Derbyshire, la abadía de Branton.
Durante la época en que Enrique
VIII se hizo con todas las tierras y
los bienes de la Iglesia, se
apropió de esta abadía y se la
entregó a su buen amigo Edgard
Aincourt. El abad de Branton era
un viejo gruñón y no se rindió
fácilmente. Mientras lo sacaban
de la iglesia, maldijo al rey y a
Aincourt. Maldijo también las
mismas piedras de la abadía,
diciendo que nada prosperaría
nunca en aquel lugar y que nadie
que viviera entre aquellas
piedras conocería nunca la
felicidad.
-¡Vaya! Es una maldición
impresionante admitió María.
Conociendo el amor que su padre
sentía por el drama y el romance,
no la sorprendía que le pareciera
que una casa en ruinas y con una
maldición fuera el lugar perfecto
para que viviera su adorada hija.
Para Joseph Fernández, aquel
lugar era un tesoro.
-¿A que sí? Dicen que Capability
Brown diseño el jardín original.
María, ¿cómo puedes ni pensar
en dejar escapar una
oportunidad como esta? Además,
no es solo la casa y las tierras lo
que necesita una buena
inversión, sino la finca entera. Tú
podrías hacerlo. Sería uno de tus
proyectos.
-Sí, todo suena muy interesante,
estoy segura, pero queda el
pequeño detalle de que para
poder tener la casa, las tierras y
todo lo demás, tendría que
casarme con un completo
desconocido.
-Para cuando te casaras con él, ya
no lo sería. Podríais tener un
compromiso muy largo, si así lo
deseas. Mientras tanto,
podríamos empezar a trabajar en
la casa.
-No voy a casarme, papá, solo
porque tú estés aburrido.
-¡Pero si este sería el proyecto de
toda una vida! Además, no es
que esté aburrido desde que le
vendí mi parte al señor Astor.
Sabes que llevo años queriendo
echarle mano a una casa como
esa María, no te estoy pidiendo
que te cases con ese hombre esta
noche. Lo único que quiero es
que lo conozcas y que veas cómo
es. Que consideres las
posibilidades.
-Sí, pero entonces empezarás a
preguntarme lo que me ha
parecido, luego querrías que
fuera a esa casa para que la viera
y
-¡María! Estás diciendo cosas
terribles sobre mí. Como si fuera
capaz de acosarte de ese modo
solo para Está bien añadió, al ver
el modo en que lo miraba su
hija-. Algunas veces te he
acosado, lo admito, pero no esta
vez. Te lo prometo. Solo te pido
que lo conozcas. No será nada
más que ir a una cena elegante y
entablar una conversación cortés
con él para que puedas ver cómo
es. ¿No podrías hacer eso por
Elizabeth y por mí?
-Está bien. De acuerdo. Supongo
que no hay nada malo en que lo
conozca. Sin embargo, no te
prometo nada. ¿Me has
comprendido?
-¡Por supuesto! ¡Por supuesto
que te he comprendido! exclamó
Joseph, encantado. Entonces, se
acercó a su hija y le dio un buen
abrazo.
-¡Dios mío! dijo una voz desde la
puerta-. ¿Qué es lo que ha
ocurrido?
Los dos se volvieron al oír el
sonido de la voz de la señora
Fernández. María sonrió a su
madrastra y Josph miró a su
esposa con los ojos llenos de
alegría. En un tiempo había sido
una hermosa mujer, pero la
inactividad la había hecho
engordar, lo que la hacía parecer
mucho más mayor de lo que en
realidad era. De hecho, a pesar de
que solo era diez años mayor
que María, todo el mundo daba
por sentado que Elizabeth era su
madre.
-¡Elizabeth! exclamó su marido.
Rápidamente, se acercó a ella y la
ayudó a sentarse en el salón,
como si fuera demasiado mayor
para hacerlo ella misma. En
realidad, Elizabeth llevaba años
sufriendo enfermedades reales o
imaginarias y su marido siempre
se encargaba de presentarla
como una mujer frágil-. Ha
ocurrido algo extraordinario. No
quise despertarte esta mañana
para decírtelo, no después de lo
mal que te habías sentido tras
cruzar el canal.
-Lo sé. Siempre me han afectado
mucho las travesías murmuró
Elizabeth-. Temo tener que
regresar a Nueva Cork por ese
mismo motivo.
-Tal vez no tengas que hacerlo
dijo Joseph-. O, al menos, por
algún tiempo.
-¿Por qué? ¿Qué quieres decir?
-María podría casarse con un
conde.
-¡Un conde! exclamó Elizabeth,
incorporándose con un súbito
interés.
-¡Papá! dijo María, con
exasperación-. Ya estamos. Te
dije que iba a conocer a ese
hombre. No tengo intención
alguna de casarme con él.
-¡Pero es un conde! dijo su
madrastra, mirándola con los
ojos llenos de incredulidad-.
Serías una condesa. Oh, María, eso
es mucho más de lo que yo
hubiera esperado nunca.
María suspiró, deseando en el
fondo de su corazón no haber
dejado que su padre la
convenciera para que fuera a
conocer a aquel hombre. A partir
de aquel momento, no solo
tendría que enfrentarse a Joseph
sino también a su madrastra.
-Piénsalo las celebraciones, la
boda -murmuró Elizabeth, con
los ojos llenos de alegría-.
¿Tienen casa en la ciudad?
-No, la Condesa me dijo anoche
que su marido tuvo que
venderla. Creo que su hijo, el
Conde, tiene una pequeña casa
de soltero, pero ella tiene que
alquilar una durante la
temporada que pasa en Londres.
Parecía que aquello era algo que
la molestaba mucho.
-Supongo que así es. Tener que
dejar la casa que sin duda fue
una casa magnífica y deber
conformarse con una alquilada
cada verano Es una pena que las
fiestas de la boda no se puedan
celebrar en una gran casa. Sin
embargo, tú puedes comprar
una, querido. Es decir, tendremos
que tener una casa en Londres si
vamos a estar aquí una larga
temporada y
-Elizabeth, por favor dijo María,
muy suavemente-. No pienso
casarme con el conde de
Sanromán. Solo he dicho que
-¿Cómo? le preguntó su
madrastra, incrédula-. ¿Qué has
dicho? ¿A quién has nombrado?
-Al conde de Sanromán
respondió Joseph-. Ese es el
hombre del que estamos
hablando para que María se case
mmm para que lo conozca, claro.
Se llama Esteban Aincourt.
-¡Dios mío! susurró Elizabeth,
poniéndose de pie-. No puedes
casarte con ese hombre. ¡Es un
diablo!




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KATY_
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MensajeTema: Re: ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1    Dom Abr 21, 2013 3:27 am

Oh!!!! Se ve muy bueno!!! Continuarlo pronto por favor
AMOR
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vickitoria
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MensajeTema: Re: ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1    Dom Abr 21, 2013 4:49 am

continualo prontooooooo


guiño guiño guiño
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Lorena Quiñonez
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MensajeTema: Re: ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1    Dom Abr 21, 2013 5:29 am

woouuu esta buena la historia.continualo
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NIBELUNA
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MensajeTema: Re: ~Corazón Salvaje~ Capitulo 1    Jue Abr 25, 2013 6:11 am

concuerdo con las opiniones, esta buenisima, Ese esteban es un verdadero Patán, pero me gustaria saber quien es la mujer de sus pesadillas y por que lo atormenta tanto.

Esta claro que por el caracter de ambos, van ha chocar en cuanto se conozca....


Esta buenisima, gracias por subirla.

guiño guiño guiño
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~Corazón Salvaje~ Capitulo 1

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